La bacteria E. coli o Escherichia coli es una bacteria que se encuentra formando parte de las bacterias del tracto digestivo en mamíferos sanos, ayudando incluso a la absorción de nutrientes y vitaminas.

Pero existen especies patógenas que provocan enfermedades del tracto digestivo (diarrea del viajero, diarrea hemorrágica…), cistitis, uretritis, sepsis, meningitis… Sobre todo en niños, ancianos y personas con el sistema inmunitario deprimido.

El contagio se produce siempre por contacto o ingesta, siendo un indicativo de falta de higiene, ya que al ser una bacteria del tracto digestivo es un indicativo de contaminación fecal.

Hay un alto riesgo de contagio sobre todo en verano debido a sus cálidas temperaturas. Los focos de contaminación pueden ser piscinas con un deficiente sistema de cloración, aguas no embotelladas (pozos contaminados, aguas sin clorar…), vegetales y frutas cultivadas en zonas de ganado o abonadas con estiércol contaminado, leche fresca sin pasteurizar, la cáscara de huevo, carne picada, carne consumida cruda, alimentos cuya temperatura de preparación sea inferior a 70ºC o en cuyo proceso de elaboración haya un déficit de limpieza(ir al baño y no lavarse las manos, no usar guantes…) entre otros.

La bacteria E. coli se reproduce a temperaturas entre 4-46ºC, pero su temperatura óptima de proliferación es de 37ºC, es una bacteria que sobrevive a la congelación, pero que no soporta las temperaturas superiores a 70ºC.

Para evitar un contagio con E. coli basta con una correcta cloración del agua de consumo y del agua de piscina, así como un cocinado que supere los 70ºC para la eliminación en alimentos y un protocolo de limpieza adecuado para garantizar que no pueda haber contaminación fecal por parte del manipulador en el proceso de preparación.

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